La fruta fea está buena

La cooperativa portuguesa Fruta Feia está revolucionando la lucha contra el desperdicio alimentario en Lisboa

¿Cuántas veces cogiste una fruta en el supermercado y al ver una pequeña marca en su piel la cambiaste por otra más perfecta? Isabel Soares, la admirable mente emprendedora tras la cooperativa Fruta Feia , está dispuesta a ser la que acabe con el Goliath del desperdicio alimentario en Portugal. La ingeniera lusa se armó de valor y dejó su cómodo trabajo de oficina en Barcelona en plena crisis para poner en marcha su idea. Ahora trabaja de sol a sol para ofrecer a sus paisanos fruta fresca a precios muy asequibles. Además, su iniciativa está contribuyendo a pararle los pies al desperdicio de alimentos por motivos estéticos, que según Soares en Europa alcanza el 30% de la producción.

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La llama de la idea surgió en 2012, cuando Isabel, que entonces residía en Barcelona , volvió a su Portugal natal por Navidad. Ella estaba informada sobre el problema global del desperdicio alimentario, pero fue entonces cuando lo vivió en primera persona. Isabel le preguntó a su tío agricultor si ese problema realmente existía, y él le confirmó que ese año iba a tirar cerca del 40% de sus deliciosas peras únicamente porque no se adaptaban al calibre exigido por los grandes distribuidores.

El desperdicio alimentario no solo tiene consecuencias éticas, pero también ambientales, ya que implica el gasto innecesario de los recursos utilizados en su producción, como la tierra, la energía y el agua” dice Isabel, y añade, “además de estos impactos ambientales, el despilfarro de comida contribuye también al cambio climático, ya que la descomposición de los alimentos que no se consumen resulta en la emisión de dióxido de carbono y metano a la atmósfera. Creo que mi formación en Ingeniería Ambiental ha influido en mi indignación respecto a la totalidad de consecuencias del desperdicio alimentario y también en que se me ocurriera la idea de Fruta Feia”.

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Isabel consiguió poner en marcha su proyecto a finales del 2013 gracias al concurso Ideias de Origen Portuguesa promovido por la Fundación Gulbenkian . Su idea para Fruta Feia quedó segunda en la edición de 2013, premiada con 15.000 euros, lo que unido a la campaña de crowdfunding (financiación colectiva a través de internet) con la que recaudó otros 5000 euros le permitió que su cooperativa comenzase a andar.

La fundadora de la cooperativa confiesa que lo más difícil de poner el proyecto en marcha fue convencer a los agricultores. “Al contrario de mis expectativas, lo más difícil para poner Fruta Feia en marcha fue encontrar agricultores que fueran los proveedores de la cooperativa. Los agricultores estaban bastante sospechosos respecto a la veracidad del proyecto, creo que pensaban que yo era de la policía de la seguridad alimentaria o simplemente loca” afirma. Uno de los agricultores incluso le dijo que llevaba cuarenta años escuchando que sus espinacas tenían que estar perfectas y que no entendía que ahora ella le viniera diciendo que le compraba las rayadas y con huecos. Isabel reconoce que “ahora que ya está funcionando es mucho más sencillo encontrar agricultores, ya no somos nosotras que los buscamos sino ellos que nos buscan a nosotras. Para los agricultores, Fruta Feia representa una rentabilidad extra porque empezamos a comprarles, a un precio justo y a tiempo, lo que antes era basura.”

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La lista de espera en Fruta Feia es larga, hay alrededor de 2500 personas registradas como consumidores interesados. Soares afirma que “no existe un perfil de consumidor, Fruta Feia es una idea tan lógica que conquista a personas desde los 18 a los 80 años, tanto de clases sociales muy bajas como muy altas”. Y es que la idea de evitar el desperdicio por motivos estéticos de alimentos que son perfectamente comestibles y deliciosos afortunadamente no entiende de clases sociales o de edades.

Fruta Feia tiene actualmente 800 consumidores y recoge la fruta que no alcanza el baremo estético exigido por los supermercados a 42 agricultores. Sus puntos de recogida están divididos entre Lisboa, donde tienen dos, y Parede, donde hay uno. La cooperativa ofrece dos modelos de cestas, la pequeña, que lleva aproximadamente cuatro kilos y siete variedades de frutas y verduras, cuesta 3,5 euros, mientras que la grande contiene 8 kilos, 8 variedades y cuesta el doble.

Los lunes, martes y jueves son los días en que van a recoger el producto a los agricultores y también cuando lo venden a los consumidores. “Esos días salgo muy temprano de Lisboa y voy hacia la región Oeste para recoger en los huertos y pomares los productos pequeños, grandes o deformes que los agricultores no logran vender”. Antes de las tres de la tarde Isabel vuelve los lunes y martes a Lisboa y los jueves a Parede. “Un equipo de voluntarios me ayuda a montar las 200-300 cestas para nuestros consumidores, que vienen entre las cinco y las ocho de la tarde a por ellas”. A partir de las nueve de la noche limpian el punto de entrega, que suelen ser locales cedidos por asociaciones una tarde a la semana.

Los miércoles y los viernes son días de oficina. “En esos días trato todo lo que está por detrás de Fruta Feia, contabilidad, comunicación, pedidos, gestión, conferencias…” dice Isabel.

La cooperativa tiene tres trabajadoras asalariadas, Isabel, Joana Batista y Maria Canelhas que junto con otros seis cooperadores toman las decisiones sobre Fruta Feia democráticamente en asamblea general.

Isabel cree que las jornadas laborales maratonianas que hace (entre 12 y 14 horas) merecen la pena. Afirma que lo mejor es “rescatar toneladas de fruta y verdura de la basura y la rentabilidad y felicidad que eso significa tanto para los agricultores como para los consumidores asociados” y reconoce que le angustia no poder crecer a la velocidad que el problema exige.

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Los planes de Soares incluyen la expansión a Oporto , donde esperar abrir otra cooperativa de Fruta Feia a finales de este año. En su primer año y medio de vida esta cooperativa ha salvado más de 144 toneladas de fruta de la basura y cada semana evitan 4 toneladas de desperdicio de frutas y verduras. Fruta Feia aún no ha ganado la guerra del desperdicio, pero de momento está librando la batalla muy dignamente.

Fotos: © Frua Feia


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