Madera, la materia del vino

Etimológicamente, la palabra madera proviene del latín “mater”, materia. Y la madera es la esencia, el origen y la materia prima esencial para elaborar los vinos de Muga, una de las bodegas con más solera del país.

Desde hace alrededor de 25 años Jesús Azcárate ejerce como maestro tonelero, oficio que aprendió de su padre y de su abuelo. Bajo su batuta, un equipo de cuatro personas cuida con mimo de la tonelería de Muga, una de las pocas bodegas españolas que tiene tonelería propia y la única en el mundo (que nosotros sepamos) que mantiene vivo el ancestral oficio de cubero.

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En esta bodega riojana todo gira en torno al roble, pese a que el mantenimiento de este tipo de depósitos es mucho más costoso que los de acero inoxidable, como explica Manuel Muga: “Asumimos ese coste porque consideramos que es lo mejor para nuestros vinos tintos”.

Fundamentalmente, utilizan roble francés y roble americano y, en una proporción menor, roble de algunos países del Este. Al otro lado del charco, la bodega tiene un hombre de confianza que selecciona y envía la madera americana; en Francia, la titularidad de los bosques es del Estado francés, por lo que hay que comprar el roble a través de agentes con licencia específica.

Cuando las piezas de roble llegan a Muga, se dejan secar al aire libre, de forma natural, para que pierdan cierta tanicidad agresiva que puede tener el roble y se desprendan de la humedad. Tienen que pasar más de dos años a la intemperie para que los pedazos de madera, alargados y rectangulares, sean llevados a la tonelería, donde los artesanos los trabajan para obtener las “duelas”, las lamas con las que se montan las barricas.
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Se van montando las duelas, y con las propias virutas que sobran se hace fuego. “Con el fuego conseguimos dos objetivos: por un lado domar la barrica, darle la forma y cerrarla; por otro lado, tostar la barrica por dentro”.

Según Manuel, dependiendo de la bodega y del enólogo, el tueste de la madera puede ser suave, medio, medio plus o fuerte, lo que dotará al vino de matices y sabores distintos. “A nosotros nos gustan los tostados medios, porque consideramos que el tostado tiene que complementar y darle complejidad al vino, pero no tiene que predominar en demasía”.

Entre 1.000 y 1.200 barricas bordelesas (de 225 litros) se fabrican anualmente en Muga. “La edad media de nuestro parque de barricas es de 3 años, o sea que estimamos en 6 años la duración de una barrica. Solemos renovar el 15 por ciento del parque de barricas todos los años”.
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El equipo de tonelería puede hacer una media de seis o siete barricas al día, produciendo el 80 por ciento de las barricas utilizadas en la bodega. “El roble francés es más caro que el americano -explica Manuel-, una barrica nueva de roble americano puede costar entre 300 y 400 euros, mientras que una de roble francés puede costar entre 600 y 1.000 euros.

“El roble francés es más elegante que el roble nuevo americano, que tiene un tanino bastante agresivo, así que hasta que no se ha envinado bien, hasta que no se ha impregnado de vino entre 6 meses y un año y se ha pulido un poco esta agresividad, no empieza a ser tan fino y elegante como el francés, que desde el principio tiene esa virtud”.

Virtud y elegancia que se traspasan año tras año a los vinos de Muga, convirtiéndose en materia y esencia de su sabor.

Al preparar este artículo se nos ha hecho la boca agua con:

Madera, la materia del vino

Bodegas Muga

Barrio de la Estación s/n, 26200 Haro, La Rioja
Barrio de la Estación s/n
Haro, La Rioja
Teléfono: 941 31 18 25
www.bodegasmuga.com

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