El sabor de las flores

Imagina que tu pareja se empieza a comer el ramo de rosas que le has regalado en esa cita tan especial. La escena puede resultar extraña, pero a lo mejor no tendría por qué serlo. Todas las variedades de rosas son comestibles. Además aportan vitamina C. Con ellas, se pueden hacer dulces, tartas, ensaladas o se pueden usar como ingrediente en una salsa de mariscos. Lo único imprescindible es quitar las semillas y los pelos que tiene la flor.

Muchas flores se pueden disfrutar gracias a su olor, su color…y, por qué no también su sabor. Más allá de su belleza, pueden ser el acompañamiento perfecto para un plato o para una infusión. En Asia, los crisantemos hervidos sirven para hacer una bebida dulce (té de crisantemo). En España es más conocido el té (verde) hecho a base de jazmín. Las margaritas pueden ser un ingrediente más en ensaladas, mezcladas habitualmente con diente de león e hinojo. La verdad es que para las ensaladas van muy bien muchas flores. Como los claveles, cuyos pétalos encajan a la perfección en ensaladas de frutas y mezclados con crema. O los pétalos de tulipán, que además de aderezar ensaladas se pueden rellenar con atún y patatas hervidas.
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No queda ahí la cosa. Los geranios frescos le dan un toque diferente a tortas y pasteles si se consigue mantener su aroma intacto. Las violetas tienen también su juego. Se pueden comer secas, confitadas o frescas y valen para darle un sabor suave a postres, ensaladas o incluso para el relleno de tortillas. De hecho, si las hojas están crudas o cocidas, se pueden utilizar para espesar sopas. Es recomendable no ingerir las violetas de color amarillo por su efecto laxante. También se pueden comer los tréboles (con moderación para evitar dolores de tripa), cuyas hojas cocidas tienen sitio en ensaladas y cuyas flores secas le dan sabor al pan.

Más allá de estas flores habituales en jardines de muchas casas, hay otras especies más desconocidas que, cómo no, tienen sitio en la cocina. La moringa procede del norte de India, Sus sabrosas hojas se pueden comer crudas o cocidas en guisos o se pueden incluir dentro de una tortilla. Los frutos de la moringa en forma de vainas tienen un sabor similar a las judías. Contiene proteína, carbohidratos, fibra, calcio, fósforo, hierro y vitamina A.
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En Vietnam y Tailandia es habitual la sesbania bispinosa, que cruda o cocida puede acompañar platos o postres. O la borraja, originaria de Siria y Egipto, es común en caldos y sopas. Es muy rica en minerales. Sus hojas tienen muchas posibilidades: se pueden endulzar, freír o cocer. Vale para infusiones, zumos, revueltos, tortillas o ensaladas. En Francia e Italia se considera una verdura de lujo.

No todas las flores son comestibles. Y las que lo son no pueden contener pesticidas ni usos químicos. Es necesario tomar precauciones a la hora de comer flores (identificarlas bien, conocer su procedencia y su cultivo). Una vez tomadas, lo único que puede frenar la variedad de platos en los que incluir flores es la imaginación de quien esté en la cocina.

Al preparar este artículo se nos ha hecho la boca agua con:

El sabor de las flores

Alba-Soldevila

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